Mis Fantasmas

Todo sucedía de noche.

A veces me daban miedo, a veces me daban risa, pero, generalmente me daban una sensación extraña.

Lo que pasaba era que cada noche, en mi habitación, se acercaban unos fantasmas extraños. Y como no ser extraños, si se trata de fantasmas.

Unas cuantas veces escuchaba como me murmuraban todo tipo de cosas al oído, otras veces jugaban con la luz de mi habitación apagándola y encendiéndola. La vez que me dio más miedo fue cuando uno de esos fantasmas me jaló los pies. ¡Qué susto me dio el cabrón!

Todos los días esperaba la noche para poder jugar, o sentirme en la compañía de ellos. Traté de contarles a mis amigos, a mi familia, pero nadie nunca me creyó.

No me importó, yo era feliz con mis fantasmas, y al parecer, ellos eran felices conmigo.

El tiempo fue pasando, yo fui creciendo, fui madurando.

Mientras el tiempo pasaba, mis amigos fantasmas no me visitaban tan seguido, pasaban días, semanas e incluso meses sin visitarme. Pero cuando lo hacían era genial.

Hasta que una noche, uno de los fantasmas que me murmuraba al oído, me dijo que leyera mi libro de historias.

Este libro era el que leía mi madre cuando yo era apenas un bebé. Estaba oculto bajo todo el polvo acumulado en ese lugar. Lo leí.

Era una historia, precisamente de fantasmas.

Al final de la ultima hoja estaba escrito “los fantasmas no existen”. Me sorprendí demasiado cuando leí esto, no me sorprendía la frase, me sorprendió que estaba escrito con mi letra, y era yo el que firmaba al final de esa frase.

No entendía que estaba pasando.

En ese instante alguien llamó a mi puerta, dejé que entrara.

¿Otra vez leyendo ese libro joven? Venga tome su medicamento. -me dijo una mujer vestida de blanco, lo tomé, y, ella se fue.

Vi mi alrededor, era una habitación sola y fría. Paredes blancas, una cama, un libro de historias, un baño.

Recordé que toda mi vida la había pasado en ese lugar. Que nunca tuve amigos, ni familia. Recordé que veía fantasmas donde nunca hubo. Recordé que sentí cosas por “fantasmas” que ni sabían que yo existía. Recordé que todo fue producto de mi mente.

Luego de tanto, no me quedó de otra que reír. Reía como si no hubiera mañana.

Entraron rápido unos hombres vestidos de blanco y me tomaron de los brazos,  uno de ellos dijo, ¡Controlen al Paciente! yo no hacia nada más que reír. Entro la misma mujer del medicamento, me inyectó…….

.

.

.

…….Todo sucedía de noche.

A veces me daban miedo, a veces me daban risa, pero, generalmente me daban una sensación extraña.

Lo que pasaba era que cada noche, en mi habitación, se acercaban unos fantasmas extraños. Y como no ser extraños, si se trata de fantasmas.

Unas cuantas veces escuchaba como me murmuraban todo tipo de cosas al oído, otras veces jugaban con la luz de mi habitación apagándola y encendiéndola. La vez que me dio más miedo fue cuando uno de esos fantasmas me jaló los pies. ¡Qué susto me dio el cabrón!………

Adolfo Penados –  2012

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: