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Pedazo de Caquita – Parte VII

20/06/2012

Pedazo de Caquita – Parte VII
El sueño, la maldición

Tras un día tan agitado, Daniela aceptó a Lidia en su casa, sin rencores o resentimientos, a ella aún le dolía el corazón, pero ya había perdonado a Lidia. Le dio su habitación y se quedó en un sofá en la sala de estar, acompañada del fiel Helvetic.

En el transcurso de esa noche, Lidia al quedar dormida volvió a tener el mismo sueño que desde ya varias noches le atormentaba. Ya ni siquiera podía ser llamado sueño, para ella era una pesadilla.

Sudando frío, como ya era costumbre. Dando vueltas y vueltas en la cama. La pesadilla termina de la misma manera que siempre lo había hecho, Lidia despierta dando un grito desesperado, lo suficiente fuerte y extraño como para despertar a Daniela, quien corre a la habitación preocupada. -¿¡Qué ha sucedido!? ¿¡Lidia estás bien!?- pregunta Daniela un poco agitada. Lidia lo único que hace es romper en llanto. Daniela se acerca lentamente y la abraza. Lidia se recuesta en su pecho.

-Daniela, perdóname por como te traté, soy una estúpida que no sabe nada. Roberto me mandó a la mierda por mi embarazo, me quede sin nada. Nunca tuve a nadie, sólo a ti, tu estuviste siempre a mi lado, y… yo te lo pagué tratándote muy mal… perdóname- Dijo Lidia a Daniela mientras recostada en su pecho dejaba caer sus lágrimas sobre la blusa de Daniela. Ella sonríe y la abraza aún más fuerte respondiendo: -Yo, ya te había perdonado Lidia. No llores…- Lidia da un suspiro, continua llorando abrazada de Daniela, ninguna de las dos dice una palabra más, pasan los minutos, hasta ambas quedarse dormidas en esa cama.

Ya había pasado mes y medio desde que Roberto sacó a Lidia de su casa, Lidia aún no recibía las cosas que había dejado en aquella casa tal y como Roberto le había prometido. Tampoco tenía noticias de ningún abogado para los trámites del divorcio. El tiempo pasaba. Lidia llevaba ya cuatro meses de embarazo. Las alergias hacia Helvetic fueron cediendo. A pesar del amor que sentía Daniela hacia Lidia, no le volvió a insinuar nada, ni intento besarla o tener relaciones con ella. Daniela había ayudado a Lidia con su embarazo, pero, el sueldo de Daniela ya no era suficiente para mantener a ambas mujeres, un bebé en camino y un perro. Por lo menos sobrevivían.

Parecía una mañana cualquiera, luego que Daniela se fue a trabajar, tipo once de la mañana suena el timbre de la puerta. –Que extraño, Daniela no regresa temprano de su trabajo, y menos toca la puerta. ¿Habrá olvidado sus llaves? ¿Le habrán dado el día libre?- se dice Lidia a si misma, y, abre la puerta.

¿Usted es Lidia de Díaz, la esposa del Señor Roberto Díaz?
S..s..sí, soy yo, ¿Usted es el abogado o el encargado de los papeles del divorcio con el señor? ¿Dónde están mis cosas? él dijo que me las enviaría.
Soy el oficial Alberto Castellanos, tengo que llevarla al cuartel de la policía, tenemos que hacerle unas preguntas.
¿Pero, qué preguntas, acerca de que?
Le explico en el camino señora. Acompáñeme por favor, se lo estoy pidiendo de una manera agradable porque usted también está embarazada. No me gustaría usar la fuerza, vengo con más oficiales de la policía esperándonos en un vehículo. No me haga llamarlos.
¿Dijo que yo “también” estaba embarazada? No entiendo. No veo a nadie más por acá. De igual manera, los acompaño, aunque esto no me da buena espina.

Ya en el cuartel de la policía, Lidia y unos cuantos oficiales en una oficina, como las de las películas con una mesa al centro, un par de sillas, alrededor, un vidrio grande, casi del tamaño de media pared. Lidia muy asustada, no sabía lo que estaba sucediendo, lo primero que se le vino a la mente fue: “Roberto me debió haber denunciado por algo que no hice” ella no tenía otra idea. Estaba tan asustada que comenzó a ponerse pálida. Antes de iniciar la sesión Lidia llamó a Daniela, pero no logró contactarla.

Los oficiales dijeron que no era necesario esperar algún abogado para comentarle a Lidia que pasaba, -Seré breve y conciso- dijo el oficial en jefe, -Usted es sospechosa por el asesinato de Roberto Díaz, su esposo.- Lidia al escuchar esta noticia, casi se desmaya. Uno de los oficiales en esa oficina le lleva un vaso con agua, y unos dulces. Lidia recupera su color, pero está demasiado impactada por la noticia, no puede creer, no puede creer que Roberto este muerto y menos que ella sea sospechosa del asesinato.

-Pe… Pe… Pero… Yo…- Interrumpe el oficial, disculpe señora, creo que no debí decirle eso tan rápido, por su embarazo. Usted no es la única sospechosa,  también lo es su amiga Daniela, ella ya está aquí en otra oficina. Vamos a interrogarlas a ambas para ver en que coinciden y en que no. – ¿¡Porque Daniela es sospechosa, que relación ella con Roberto!?- dijo Lidia un poco alterada.
–Según tenemos entendido, y por lo que su amiga dijo a uno de los oficiales, ella esta enamorada de usted. Y que mejor forma que matando a su esposo para tener el camino libre, ¿no lo cree Lidia?- dijo el oficial.
–Si, acepto que ella tiene ese sentimiento hacia mi, yo no se lo he correspondido. No creo que ella esta tan enferma como para matar a Roberto.- responde Lidia. –Entonces fue usted.- dijo el oficial.
-¿Qué hay de Karen? La amante de Roberto ¿Acaso ella no es sospechosa? Preguntó Lidia.
-Lo es, pero ustedes son las principales. Y, el que hace las preguntas aquí soy yo Lidia.

-Señor, necesitamos que venga un momento, hemos encontrado el arma con que sucedió el homicidio del Señor Roberto Díaz.- Suena el intercomunicador del oficial en jefe Alberto Castellanos. –Piense bien lo que dirá Señora Lidia porque cualquier cosa que diga puede ser usada o no en su contra. Se levanta el oficial de la mesa, y deja la oficina. Lidia rompe en llanto, sin saber que hacer o decir.

En la otra oficina
-Oficial Rosales: Es esto señor, un cuchillo de cocina grande, un cuchillo ordinario, fácil de obtener en cualquier cocina.
-Jefe Castellanos: Muy bien Rosales mándenlo lo más pronto posible a pruebas de ADN. Necesitamos los resultados para ver quien de estas tres mujeres ha sido la culp… (Entra el oficial Méndez corriendo en la oficina, el era quien interrogaba a Daniela en la otra oficina)
-Jefe Castellanos: ¿Qué le pasa Méndez? ¿Por qué entra de esa manera?
-Oficial Méndez: Mis disculpas señor, pero ya no hay que hacer más investigaciones.
-Jefe Castellanos: ¿Por qué dice eso, acaso se volvió loco?
-Oficial Méndez: No, encontramos a la culpable del homicidio. La culpable es Daniela. Ella misma se declaró culpable hace apenas unos minutos.
-Jefe Castellanos: Vaya, eso fue rápido. Espósenla, y llévenla a la prisión temporal que tenemos aquí en el cuartel para esperar el juicio. Y si Lidia, ya embarazada que fui a traer hoy quiere ir y verla puede hacerlo. Ah! Y háganle saber a esa mujer que estaremos vigilándola. Y que no la tendremos más aquí solo por su estado, y que puede ser malo para ese niño que lleva dentro.
-Oficial Méndez: ¡Si señor!

El oficial Méndez lleva a Daniela a la prisión temporal que se encuentra en el cuartel de la policía. Una prisión pequeña, solamente con una cama pequeña, muy incomoda, y un inodoro para que ella pueda hacer sus necesidades. Era un lugar frío y húmedo. Si Daniela tenía suerte, no tendría que estar con ratas en ese lugar. Luego de instalada Daniela en ese lugar, llevan a Lidia para que hable con ella, dándole la instrucción que solo tiene diez minutos para estar allí y las deja solas.

-Lidia: ¿¡DANIELA, QUE HAS HECHO!? DIME, ¿¡POR QUÉ ESTÁS AQUÍ!? QUE PUTAS TE PASA…
-Daniela: Relájate Lidia, si he hecho esto es por ti…
-Lidia: ¡¡NO ENTIENDO!!- Lidia comienza a llorar desesperadamente. – ¿EN SERIO, ME AMAS TANTO COMO PARA MATAR A MI ESPOSO? YO YA VIVÍA CONTIGO, INCLUSO, DESPUÉS DEL DIVORCIO CONSIDERABA NO TENER OTRO AMOR CON UN HOMBRE… Y VER SI TU Y YO PODRIAMOS INTENTAR ALGO… (Daniela comienza a llorar)
-Daniela: ¿Crees que fui yo quien mató a Roberto? Pensé que ya me conocías… Si hice esto fue porque mi corazón así me lo indicó. Éramos tres sospechosas, incluyéndote. Si fuiste tú, lo cual dudo mucho, yo tomaré los cargos por ti, para que puedas criar bien a tu hijo. Si no fuiste tú, la verdad tendrá que saberse algún día, y yo quedaré libre. Pero mientras se descubre la verdad no quiero que te pase nada, y que cuides mucho tu salud y la de tu bebé.
-Lidia: ¡ERES UNA ESTÚPIDA! Culparte para que me dejaran libre… Yo no te merezco. Tú eres para mí… (Interrumpe el oficial) –Se acabó el tiempo. Vamos Lidia.

Y entonces Lidia se dice a si misma:
-“Creo que estoy maldita, todas las personas que se acercan a mí terminan mal… ¿Acaso a eso se refiere el sueño que he tenido los últimos días? Mi padre se fue con otra mujer cuando apenas nacía Paul, mi madre se suicidó, mi hermano murió por un ataque de sobredosis, Roberto fue asesinado y soy sospechosa, y Daniela en prisión por mi culpa. Tengo miedo. Tengo mucho miedo de lo que pueda pasarle. Nunca debí buscarla, tal vez así hubiera evitado todo esto. Solo espero que Daniela no tenga el mismo fin trágico como las demás personas. ¡¡DIOS, SI ESTÁS AHÍ AYUDALA!! Si. Lo creo. Estoy maldita, siempre lo he estado, mi vida es un pedazo de caca, que digo un pedazo, una caca completa.”

Continuará… 🙂


Inspirado y Escrito por Adolfo Penados
2012 

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Pedazo de Caquita – Parte VI

15/05/2012

Pedazo de Caquita – Parte VI
Reencuentro

En una noche oscura y fría, se escuchan unos fuertes truenos mientras llueve. Un silencio tenebroso en la casa, lo único que podía brindarle calor a Lidia en esos momentos era el fuego encendido en aquella chimenea. Lidia recostada sobre el sofá, una botella de vino abierta a su costado. Ella con unas cuantas copas de vino encima, se queda dormida.

Al igual que la noche anterior, Lidia tiene un sueño extraño. Era el mismo sueño. Esta vez, ella despierta a las tres de la mañana, gritando muy fuerte el nombre de su madre, y derramando unas cuantas lágrimas. Luego de esto, la única persona en la que puede pensar es en Daniela.

Ese mismo día justo a las siete con cincuenta y cuatro minutos, se escucha un ruido en la puerta. Ella se acerca despacio. Era Roberto quien había vuelto de viaje. Lidia al ver a Roberto entrar se lleva una gran sorpresa, ya que no había regresado del viaje solo. Roberto nota la expresión de Lidia, pues el no había mencionado nada. Roberto había llevado a su casa a Karen la chica Colombiana. El saluda a Lidia, le presenta a Karen como “su sobrina”, y dice: Ella es Karen, hija de mi hermano, él tuvo que viajar a España así que me encargo a su hija, porque no tiene con quien dejarla. Obviamente Lidia no se tragó el cuento, porque Roberto nunca mencionó que tenía un hermano, mucho menos una sobrina.

Lidia a pesar no de creerse lo de Karen, le da poca importancia y le dice a Roberto que necesita hablar con él en privado, llevándolo a su habitación. Al estar en la habitación Roberto lo primero que hace es besar a Lidia y quitarle la ropa. Ella no pone ninguna resistencia, Roberto únicamente se baja el pantalón, y hace de Lidia su mujer. Justo mientras tenían relaciones, Lidia recuerda el día que en esa misma cama, una noche, ella tuvo relaciones con Daniela. Nota una gran diferencia, pues, estando con Roberto, ella solo se siente como un objeto sexual, saciando las necesidades de el. Pero en cuanto a Daniela, Lidia no se sintió como un objeto sexual, sintió más ternura en cada roce que daba su piel con la de ella, sintió como Daniela emanaba amor hacia Lidia, amor y deseo, lo que hacia que Lidia se excitara también. Y no tuviera que fingir como lo hacia con Roberto.

Luego de haber terminado. Mientras se visten, Lidia le vuelve a insistir a Roberto que tiene que hablar de algo con el. Roberto ya medio frustrado le dice a Lidia, que le diga rápido.

-Lidia: Estoy embarazada… (Dice Lidia sin decir nada previo, dejando caer el balde de agua fría sobre el) Roberto se queda callado por menos de un minuto.

-Roberto: ¡Ese niño no es mío!- fue lo primero que dijo Roberto.

Lidia, le insistió, ella estaba segura de no haber estado con nadie desde que se casó con Roberto, claro, nadie excepto Daniela, pero ella no podía embarazarla por más que lo intentara.

El le mencionó a Lidia que solo iban a estar en la casa un par de días, que alistara su equipaje. Otro viaje de negocios, y como no había nadie en la casa el no la iba a dejar sola. Luego de decirle esto, volvió a insistir que ese bebe que estaba en el vientre de Lidia no era suyo. Así que le propuso un trato:

-Lidia te daré un plazo de dos semanas, que es lo que durará el viaje que haremos hacia Buenos Aires, por negocios de mi familia. Nos acompañara mi sobrina Karen. En el transcurso de este viaje mientras nosotros nos encargamos de los negocios tú debes relajarte en el hotel o donde quieras y pensar que será de tu vida. Me refiero a que si quieres seguir con lujos, dinero y todo lo que has tenido mientras has estado casada conmigo, lo único que debes hacer es abortar ese engendro del demonio que te come por dentro. Y la opción B que es la más tonta, tener el niño, y olvidarte del matrimonio, del dinero, de los lujos y, por supuesto, de mi.- Lidia intenta decir algo pero Roberto interrumpe. –No es necesario que me des respuesta ahora mismo, ya te dije que tendrás las dos semanas del viaje, piénsalo muy bien.- Roberto se da la vuelta y sale de la habitación.

A pesar de que Lidia ya había tomado la decisión de no abortar, aun tenía planeado pensar muy bien la propuesta de aquel hombre. Al día siguiente ella arregló su equipaje, mientras lo hacia bebía un poco de vino. Termino sus maletas, dio un último sorbo y se acostó a dormir. Como si el vino influyera en ella de alguna manera, esa noche tuvo nuevamente el sueño. Ese sueño del que siempre despertaba gritando, llorando o pensando en alguna persona. Despertó casi a media noche, pero esta vez no hizo ningún ruido. Simplemente despertó un poco alterada.

Volteó a ver a la par suya, y Roberto no estaba en su cama durmiendo con ella, le pareció muy extraño. Segundos más tarde escuchó un ruido poco usual que provenía de la sala de estar. Con miedo, se acercó silenciosamente, y vaya sorpresa que se llevó. Encontró a Karen y a Roberto, desnudos, teniendo relaciones sobre el sofá. Escuchó como Roberto le susurraba a Karen que tratará de no hacer mucho ruido. La piel de Lidia se tornó completamente pálida, empezó a sudar frio, y entro un sentimiento muy extraño, algo así como una frustración muy grande al respecto. Regresó a su habitación, e intento dormirse lo más pronto posible.

Al día siguiente, era el viaje del que habían hablado anteriormente, con duración de dos semanas, tiempo suficiente para que Lidia decidiera que hacer con su vida y la de su hijo. Roberto consiguió un hotel muy lujoso, y reservó tres habitaciones, una para cada uno. Lidia sabía que solo era un truco de Roberto para meterse en la habitación de Karen cuando el quisiera, incluso meterse en la habitación de Lidia cuando se aburriera de Karen. Era un hombre predecible.

En el transcurso de ese par de semanas siempre salía Roberto y Karen, diciendo que era parte del “negocio familiar”, pero, que ella hiciera lo que quisiera dejándole su tarjeta de crédito o dinero en efectivo, Lidia prefería no hacer nada guardando el dinero, que podría servirle más adelante.

Un día, Lidia estaba tomando el sol en la piscina, cuando ve del otro lado de la piscina caminar a una señorita muy linda, cabello largo, una figura bella. Una persona muy parecida a Daniela. Lidia creyó que era Daniela y sale corriendo a su encuentro, al estar muy cerca de ella, nota que no es ella, solo era alguien muy parecida. Noche tras noche Lidia piensa mucho en su bebe, en Daniela, Paul, su mamá y el maldito de Roberto. Algunas noches antes de dormirse Lidia tomaba un poco de vino, como ya era costumbre. Por lo menos unas seis veces tuvo aquel sueño que tanto la preocupaba.

Roberto a veces buscaba de Lidia para tener sexo, a veces buscaba a Karen, y si no tenía ganas de estar con ninguna de las dos, llevaba a alguna camarera o a alguna jovencita que encontrara atractiva a su habitación. El abría su billetera, y ellas le abrían las piernas.

Esas dos semanas pasaron casi como agua entre los dedos, Lidia había pensado lo que tenia que pensar, y estaba lista para tomar una decisión. Regresaron a su país y a su casa. Karen regresó muy cansada, por lo tanto se fue a dormir pronto. Roberto y Lidia se quedaron en la sala, Lidia dijo a Roberto que ya había tomado una decisión.

El, asumiendo cual era la decisión solo sonrió y le dijo a Lidia que ya había hablado con el doctor que la examinaba, y que el sería discreto del caso, no era necesario que nadie se enterara que ella abortaría. Lidia se quedo viendo fijamente a Roberto y le dijo que estaba admirada de el, ella no había dicho una palabra y el ya asumió la respuesta, pero, que estaba completamente equivocado. Ella no iba a quedarse con el, y menos después de haberla engañado en su cara, con una niña, como lo era Karen. Roberto se quedó callado por unos segundos. Lidia dijo que era muy interesada anteriormente, y a pesar de tener el dinero que siempre quiso nunca fue feliz estando a su lado.

Roberto comenzó a molestarse mucho, tan molesto que dijo a Lidia que si esa era su decisión que llamara un taxi, y que se fuera de una vez de la casa. Le dio solo una hora para irse, le dijo que no se preocupara por sus cosas, que le dijera donde iba a estar y el se las mandaría con alguien a quien fácilmente podría contratar. Pero no quería verla ni un poco más. También le dijo que no se preocupara por el divorcio, con su dinero e influencias era todo muy fácil, en menos de un mes ella podría ser libre. Y el podría casarse con Karen.

Palabras muy frías y doloras. Lidia rompió en llanto, se fue maldiciendo a Roberto mientras caminaba hacia la que hasta ese momento era su habitación, tomo su maleta, que ya tenia lista por haber vuelto de aquel viaje, tomo la palabra de Roberto de no preocuparse por nada en esa casa y se fue.

Roberto había llamado un taxi para Lidia, así cuando ella salió el taxi ya la estaba esperando afuera, ella tomó el taxi, sin indicarle ningún sentido al conductor, le dijo que arrancara y se fueran de esa casa. EL conductor muy extrañado avanzó…

Ella iba llorando en el asiento trasero del taxi cuando escucha que el conductor la llama por su nombre:

-Taxista: ¿Lidia?

-Lidia: ¿Cómo sabe mi nombre?

-Taxista: Creo que por tu estado de ánimo no me reconoces, pero soy yo, Ángel. Estudiamos juntos con Daniela. Aunque yo no terminé mis estudios por dejar embarazada a mi actual esposa. Y gracias a eso tengo ya dos lindos niños a los cuales amo, y vivo para ellos. Pero no debería hablar de mí, ¿tú te encuentras bien? Deja de llorar, que me parte el alma.

-Lidia: Estoy mal. Lo siento. Acabo de ser echada a la calle como un perro, tal como yo tire al perrito de Paul, Helvetic.- Se limpia las lagrimas aunque sigue llorando –Oye,  tu eras muy amigo de Daniela, ¿sabes donde vive? ¿Puedes llevarme con ella?

-Taxista: Hace poco la vi, y, así como tú estas ahora mismo, ella estaba igual. Muy mal. Andaba con un perro grande y bello, aunque… la mirada de aquel perro también era de tristeza. No se que pasa últimamente, pero los problemas nunca son lo suficientemente grandes, solo necesitan pensar bien las cosas, y darse cuenta que siguen con vida. Lo cual es muy importante en estos tiempos tan difíciles.- Sin que Lidia pueda decir nada, El taxista continua –Bájate Lidia, esta casa verde, con puerta grande, y ventanales blancos es donde vive Daniela actualmente.

-Lidia: ¿Cuánto te debo Ángel?- pregunta mientras se vuelve a limpiar las lágrimas.

El solo la ve con ternura, y dice: –Esta vez invito yo. Alguna vez que lo necesite tú podrás hacer algo por mí, y si no, no importa, espero todos tus problemas mejoren. Lidia sonríe y se baja apresurada del taxi.

El taxista cierra la puerta, vuelve a sonreír arranca su vehículo y se dice a sí mismo: –Así que esta era mi misión del día de hoy, y pensar que tengo a mis dos hijos en la casa sin nada que comer con mi esposa muy enferma, pero estoy seguro que todo estará bien. Unos kilómetros más adelante alguien se sube al taxi, Ángel lleva a esta persona a su destino, y, esta persona muy agradecida le da una suma considerable de dinero, diciéndole a Ángel: –Acepte este dinero buen hombre, usted lo necesita mas que este viejo, puedo ver a través de su mirada que está muy preocupado, supongo que por su familia, aunque lo oculta tras esa gran sonrisa. Tómelo y no haga preguntas, véalo como una propina muy generosa.- Aquel taxista derrama una lágrima, agradece, va a comprar medicinas para su esposa, y comida para sus hijos.

Mientras tanto, Lidia con mucho miedo toca a la puerta de Daniela, escucha como dentro de la casa se escucha un alboroto con su antiguo perro Helvetic. Este sale corriendo hacia la puerta, desesperado por que Daniela abra. Daniela se sorprende mucho ya que Helvetic ha estado muy triste desde que lo trajo de aquella casa.

Daniela abre la puerta, ve a Lidia llorando muy desconsolada, Lidia ve a Daniela a los ojos, baja rápidamente la mirada y la única palabras que dice hacia Daniela es “perdón”. Daniela al ver a Lidia tan mal, libera una lágrima, la seca y abraza muy fuerte a Lidia.

Inspirado y Escrito por Adolfo Penados.
2012 

Pedazo de Caquita – Parte V

29/04/2012

Pedazo de Caquita – Parte V
Una alergia, un sueño y la computadora de Paul

Y Lidia seguía vomitando, según el doctor que siempre la examinaba a ella, y a su “familia”. Era una especie de reacción alérgica que le producía Helvetic por el embarazo. Nauseas y Vómitos repentinos. El doctor sugiere que el perro no entre a la casa o que sea llevado a otro lugar.

-Lidia: Creo que tendré que dar en adopción a Helvetic, no me queda de otra. Tal vez ya no aborte, no quiero quitarle la vida a este pequeño que llevo dentro de mi ser. Así que si tengo que elegir entre mi hijo o un perro, así que elijo mi hijo. De igual manera Helvetic solo me trae recuerdos de mi madre y de Paul. Lo daré en adopción o lo llevaré a algún hogar de animales.

Helvetic escucha y entiende lo que dice Lidia, por tanto, corre hacia donde se encontraba Daniela en la habitación, (quien estaba terminando de empacar) se mete entre sus piernas como señal de auxilio. Daniela sale de la habitación preguntando a Lidia que es lo que le sucede a Helvetic. Lidia le hace un explica fría y breve de lo que sucede. Daniela nota la frialdad entre las palabras de Lidia y dice:

-Daniela: Sabes Lidia, estoy feliz de que decidieras no quitar la vida a tu hijo o hija. Pero, me parece muy injusto lo que quieres hacer a Helvetic. Creo que… (Interrumpe Lidia gritando)

-Lidia: ¡¡YA DEJA DE METERTE EN MI PUTA VIDA DANIELA, ESTOY A VERGA!!

-Daniela: Ya llevabas mucho tiempo de no decir malas palabras Lidia, o al menos en mi presencia. Lo doloroso es que lo haces hacia mi con el fin de insultarme y hacerme sentir mal. No hay problema, te dejaré pensar bien las cosas, yo que te conozco más que nadie, sé que te ocultas tras la Lidia salvaje, fría y grosera. Pero en el fondo no lo eres. Ya empaqué mis cosas. Ahora mismo regreso a mi casa. Como necesitas deshacerte del pobre de Helvetic lo antes posible, lo llevaré conmigo. Tal vez no pueda darle los lujos que tiene aquí pero al menos le daré mucho de mi amor. Amor del cual tú has rechazado. Piensa acerca de todo Lidia, piensa todo detenidamente. Tu sabrás donde encontrarme, y, si no, Roberto puede decírtelo.

Daniela camina a su habitación, toma sus cosas, le coloca la correa a Helvetic y se marcha dejando sola a Lidia en esa gran casa.

Lo único que hace al ver que su amiga se lleva su perro, es tomar un poco de vino e irse a dormir.

Daniela se lleva a Helvetic

Esa misma noche, Lidia acostada en su habitación durmiendo comienza a sudar frio, a moverse como si se tratará de algún tipo de pesadilla. Dormida repite constantemente el nombre de Paul y el de su madre. Se tranquiliza y luego dice el nombre de Daniela y despierta alterada.

Ella había tenido un sueño muy peculiar e interesante. Luego de despierta, aproximadamente a las cuatro de la mañana. Se queda sentada en su cama pensando. Pensando en el sueño que había tenido y tratando de interpretarlo a su manera.

A partir de que Daniela y Helvetic se fueron de la casa, y que Lidia tuvo un sueño muy extraño, pasa un lapso de tiempo de tres días. Al cuarto día Lidia recibe una llamada de Roberto, su esposo que se encontraba en Colombia por un viaje de negocios, donde realmente lo que hacia era divertirse con una chica Colombiana ilusa, más ilusa de lo que podía llegar a ser Lidia a veces.

Roberto le indicó a Lidia que iba a regresar ese día, que preparara la casa, la habitación y que se preparara ella, porque tenía muchas ganas de hacerla suya. A pesar de haber estado todo este tiempo en Colombia teniendo sexo con la otra chica colombiana “Karen”. Lidia accedió con el, y dijo que quería hablarle de algo importante. Roberto dijo que esperara a que ella llegara a su casa para hablar de lo que ella quisiera y cortó.

Lidia aun tratando de descifrar el sueño que había tenido un par de noches, se dirigió a la habitación de Paul, en la que desde que Paul murió ella no había entrado. La revisó, solo por curiosidad, y porque no tenía muchas cosas que hacer, ni con quien platicar después que Daniela se había retirado de la casa.

Al revisar el cuarto de Paul lo único que encontró fue una bolsa de mariguana, gaseosas y bebidas energéticas que almacenaba Paul en un refrigerador pequeño que estaba en su cuarto. Bajo la cama calcetines, ropa interior y basura de comida. Lidia no encontró nada que pudiera interesarle, nada hasta que encendió el computador de Paul…

Cuando estaba revisando la computadora encontró muchos archivos de pornografía, videos, fotografías, dibujos, entre otros. También encontró videos muy extraños, con música rara y de mil colores. La carpeta donde estaban estos videos tenia por nombre “para tripear”. Lo único que dedujo Lidia al ver esto fue que Paul veía estos videos cada vez que se drogaba.

A Paul le gustaba escribir los momentos que marcaban su vida de alguna u otra forma. Lidia lo sabía pero nunca le ponía el interés necesario a Paul. Cuando ella se recordó de esto, comenzó a buscar esto, como en la habitación no había encontrado nada similar, dedujo que debía haber una especie de archivo en la computadora donde estuviera esto.

Tras buscar casi unos siete minutos, encontró una carpeta llamada “vida” que se encontraba muy oculta entre toda la pornografía. Un lugar en el que nadie se imaginaria que estaría. Lidia abrió la carpeta, y había tantos documentos como se pueda imaginar, Lidia pensó “nunca terminaré de leer tantos documentos” pero, justo en ese momento, a ella le llamó la atención un documento que tenia por nombre “Mi Madre”.

La curiosidad entró en ella y lo leyó. El documento trataba del sentimiento tan grande que tenia Paul hacia su madre, y hacia Lidia. Aunque Lidia nunca le ponía atención a el. También en este documento Paul narra lo trágico que fue el día que encontraron a su madre tendida en ese sofá, aquel día negro, donde ella se había suicidado.

Todo se resumía a un sentimiento muy profundo de tristeza, decepción, y sin ganas de seguir viviendo. Paul se refería a su vida como Caca, Mierda, y demás similares. El escribió que veía una fortaleza enorme en su madre, la cual también le daba fortaleza a el, pero si su madre había tenido un problema tan grande como para suicidarse que podía el esperar. Luego de eso escribe también que al paso de un par de meses el comprendió el porque su madre se había quitado la vida.

En este archivo Paul escribe sin explicar nada, una enfermedad, pero hace una mención especial a una caja que el encontró en la habitación de su madre unos días después de muerta.

Según lo que lee Lidia en este archivo en esta caja se encontraban pruebas de que fue eso tan grave que hizo que su madre se quitara la vida. También mencionaba que el nunca quiso compartir la información de esta caja con Lidia. Lo ultimo que Lidia leyó del archivo fue que el contenido de esta caja el lo guardó muy bien para que nadie nunca supiera la verdad. Porque la gente creía que el era drogadicto por la muerte de la madre, pero en realidad comenzó con eso tras ver lo que contenía esta caja misteriosa.

Lidia lee esto, y se queda muy asustada. Ella siempre se preguntó que seria eso tan grave que pasó a su madre, que le hiciera tomar la decisión de suicidarse. Paul lo sabía, y nunca le mencionó una sola palabra al respecto. Luego de leer esto, una parte del sueño de Lidia empezaba a tener sentido, pero aun no lo podía descifrar todo.

Inspirado y Escrito por Adolfo Penados.
2012 

Pedazo de Caquita – Parte IV

20/04/2012

Pedazo de Caquita – Parte IV
Identidad Sexual

Ocho de la mañana, Lidia y Daniela en la misma habitación. Lidia despierta, con un dolor de cabeza incomparable, obviamente era la resaca causada por beber tanto la noche anterior. Se levanta de la cama, se pone su ropa interior color rosa, se dirige rápidamente al baño y vomita.

Lidia comienza a llorar, diciendo a Helvetic el perro de Paul (que entró en la habitación imprudentemente al escuchar a Lidia vomitar) –No puedo creer que esté vomitando. Me he puesto más ebria que esto y nunca vomito, no puedo comprenderlo Helvetic- mientras continua vomitando hincada frente al inodoro.

Daniela al escuchar que Lidia lloraba se despierta, también con resaca, se acerca al baño y ayuda a Lidia. Cuando Lidia se tranquilizó un poco, agradeció a Daniela por ayudarla y se retira a su habitación a seguir durmiendo. Daniela continúa en la habitación que le dieron para poder quedarse mientras acompañaba a Lidia en su luto por Paul. Ambas duermen casi toda la mañana.

Más tarde, justo a la hora del almuerzo. Lidia sigue sin probar un solo bocado, tenia muchas nauseas. Mientras Daniela muy pensativa le dice:

-Daniela: Lidia (…) Siempre he sabido que cada vez que te pones ebria, nunca olvidas lo que hiciste ese día o noche. ¿Cierto? Supongo que no has olvidado lo que sucedió entre nosotras anoche.

-Lidia: ¿Entre nosotras? ¿Te refieres a que bebimos de más, o me equivoco?

-Daniela: Si, en parte, pero, (Hace una pausa y baja la mirada hacia la mesa) me refería a lo que sucedió entre tu y yo después de eso. (Nuevamente hace una pausa un poco más prolongada que la anterior) Hicimos el amor Lidia, lo hicimos ¿Recuerdas?

-Lidia: ¡¡ESO NO!! ¡Eso no sucedió Daniela! ¡YO NO SOY LESBIANA! Y, tú eres mi amiga, cualquier cosa que haya sucedido fue efecto del licor. ¡NADA MÁS! (Responde Lidia muy exaltada)

-Daniela: Pero cuando hacíamos el amor dijiste que… (Lidia interrumpe)

-Lidia: ¡No dije nada! Solo me deje llevar por el momento y por los tragos que tenía encima. Amo a Roberto, y así debe ser. Tú deberías hacer eso, buscarte un novio o un esposo.

-Daniela: No entiendo porque mencionas a Roberto, tú misma dijiste que no lo amabas y que estabas con él por su dinero. Además tú sabes que… que yo… YO TE AMO… si-si-siempre lo supiste, y yo nunca estaría con un hombre, simplemente no es lo mío.

-Lidia: ¡DANIELA, YA BASTA! ¡Acepté tu amistad, no vuelvas a mencionar lo otro nunca! ¡Creí que ya lo habías superado!… ¡Tú más que nadie deberías saber que no soy así!

Daniela se levanta bruscamente de la mesa, se va a su habitación llorando.

Comienza a empacar sus cosas. Y se dice a si misma: – ¡Sabía que no debí regresar! Nunca debí buscar a Lidia otra vez. Ella está demasiado confundida, y, nunca aceptará lo que realmente es. ¡Hoy mismo regreso a mi casa! ¡No puedo tolerar más esto!- Se limpia las lágrimas, mientras entra Helvetic, a su habitación a hacerle compañía. El sabía que ella no se sentía nada bien. –Helvetic, Lidia… Ella es la persona que realmente amo, lo he hecho siempre, desde que la conocí Mi corazón Helvetic, mi corazón me duele mucho.

Inspirado y Escrito por Adolfo Penados.
2012
Continuar con la parte V 

Pedazo de Caquita – Parte III

13/04/2012

Pedazo de Caquita – Parte III
Fuego, vino y sexo

(Ring, Ring, Ring) Suena el teléfono de Roberto quien sigue de viaje en Colombia por “negocios”

-Roberto: ¿Aló?-

-Lidia: ¡Hola amor! ¿Qué tal el viaje? ¿Ya vendrás a casa? Te extraño, y, tengo una noticia por darte-

-Roberto: ¡LIDIA, ya habíamos quedado que no me llamarías cuando esté trabajando, y menos si estoy fuera del país!-

-Lidia: Estoy muy segura de que me dijiste eso, pero, es muy importante lo que te quiero decir.-

-Roberto: Lo que sea puede esperar (…) Aprovechando tu llamada. Quiero decirte que no he llegado a ningún acuerdo con las personas que viajé y los socios de Colombia. Así que me tardaré unas semanas más. Dile a Daniela que te haga compañía mientras regreso, así no te quedarás sola con ese perro.-

-Lidia: pero…

-Roberto: Hasta pronto querida- (corta la llamada)

Ese mismo instante en Colombia.

-Roberto: Lo siento querida, mi esposa molestando, espero no te moleste que me tardara tanto en esa llamada insignificante. (Dice Roberto a su amante en Colombia)

Roberto esposo de Lidia, desde la muerte de Paul había salido por cuestión de “viaje de negocios” o al menos eso le había dicho a Lidia. Al parecer no eran precisamente eso, mientras Lidia estaba desconsolada en su casa por la muerte de Paul, y, como si fuera poco embarazada.
Pero al parecer eso a el no le importaba, ya que solo con tronar los dedos, y, abrir un poco la billetera podía tener lo que quería o a quien quería.

El viaje de negocios de Roberto se llamaba Karen, chica colombiana de 20 años, con aspiraciones a ser una gran modelo profesional reconocida nacionalmente. Este sueño fue lo único que bastó para que Roberta pudiera estar con ella. Prometiéndole ser una modelo reconocida en su país y tener mucha fama.

Mientras tanto en la casa donde se encontraba Lidia, Daniela y Helvetic. Daniela se tomó la molestia de preparar la cena de ese día, ya que Lidia se había puesto triste por el trato que recibió de su esposo Roberto. Aunque ella realmente no lo ama, por el embarazo se ha puesto un poco sensible, a pesar de llevar muy poco con un pequeño ser dentro de su cuerpo.

-Daniela: ¡Lidia! Ven a comer, preparé tu platillo favorito. Pollo en crema. Quiero que te sientas bien y que estés muy bien alimentada para darle muchas fuerzas al bebé que tienes en tu vientre.

-Lidia: Calla Daniela, Calla.

-Daniela: No, tú eres la que debe callar, ven y come.

-Lidia: Tú siempre tan atenta. Eres como un ángel en estos instantes, hasta Helvetic ha empezado a comer igual que antes. Gracias.

Terminan la cena, ambas se dirigen a la sala, se sientan en el sofá más grande, frente a la chimenea compartiendo una botella de vino de las que suele usar Roberto cuando llegan visitas a la casa. El mejor y más fuerte vino de la casa.

-Lidia: En lo que estoy cien por ciento de acuerdo con Roberto, es que una buena copa de vino es mejor que un pastel o platillo dulce como postre. (Daniela se ríe ligeramente y da un sorbo a su copa). Sabes Daniela, luego de lo que he sufrido y vivido, no estoy segura de nada. Como te mencioné antes, quisiera quitarme la vida, ya no tengo razón para seguir aquí.
Justo en este momento, quisiera cortarme las venas, ver mi sangre correr y morir desangrada.

-Daniela: No digas esas cosas tan feas. Yo estoy para ti y además siempre… (Interrumpe Lidia)

-Lidia: Estoy segura de que estás para mi. (Se acerca un poco a Daniela, sirve otra copa de vino para ambas) Sabes no me quitaré la vida, a tu lado me siento muy segura, eres una gran amiga, la mejor debería decir. Lo que estoy segura que haré, es que no tendré este bebé. Yo he sufrido demasiado, he pasado por cosas que no le deseo a nadie, no creo que sea justo para una criaturita inocente venir al mundo a sufrir tanto como Paul y yo lo hicimos. (Se termina de un sorbo su copa de vino y toma otros cuantos sorbos de la botella) Cuando regrese Roberto de Colombia, le contaré del bebé y, estoy segura que el se ofrecerá a pagar el aborto. (Sigue bebiendo de la botella)

Daniela toma del rostro a Lidia, -¿¡Lidia porque estás bebiendo tanto!?- preguntó Daniela, -no creo que lo digas sea lo que realmente sientes en tu corazón. Tú eres una persona de buenos sentimientos, lastimada por la vida, como todas las personas. Pero, ¿alguna vez te has puesto a pensar en esos momentos cuando agradeciste estar viva? Esos momentos en los que sientes una felicidad muy grande. La vida es eso, subidas y bajadas, tropiezos, pero vale la pena realmente volver a levantarse. Si dejas que ese bebé que tienes en el vientre nazca, seguramente sufrirá, pero también será feliz. Piénsalo bien. Yo no dejaré que abortes, porque también te harás daño a ti misma. Por eso deja de beber ya.-

Lidia pone una cara de ternura hacia Daniela, y sigue bebiendo. Evade el tema del aborto de su hijo y empieza a platicar con su amiga Daniela lo bien que se la pasaban cuando estudiaban juntas. Lidia no hace caso a lo que dijo su amiga y destapa otra botella de vino.

Ya siendo media noche, ambas mujeres ya con efectos de alcohol por beber tanto. Daniela comienza a llorar y le dice a Lidia lo mucho que la quiere, le dice que si le llegara a pasar algo seria demasiado triste para ella, porque realmente la quiere como Lidia no se imagina. La reacción de Lidia es abrazarla muy fuerte.

Daniela llorando en los brazos de Lidia, no controla el deseo en ese instante y besa a Lidia en la boca. Lidia asustada separa a Daniela y le pregunta que es lo que esta haciendo. Daniela le dice que no hable, que se deje llevar por el momento, ya que era el momento perfecto.

Tras unas botellas de vino, frente a la chimenea con el fuego encendido, siendo media noche, Daniela toma nuevamente a Lidia, y la besa apasionadamente. Esta vez Lidia corresponde el beso, luego de unos minutos, Daniela se levanta del sofá tomando a Lidia de la mano, susurrándole al oído que la acompañe a su habitación. Lidia mueve la cabeza aceptando la invitación. Daniela y Lidia tienen relaciones sexuales esa noche.

fuego en la chimenea

Inspirado y Escrito por Adolfo Penados.
2012

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Pedazo de Caquita – Parte II

05/03/2012

Pedazo de Caquita – Parte II
¿Una razón para vivir?

“Horas después de haber inhalado coca, tomado dos pastillas de dudoso origen y una pastilla de éxtasis. La temperatura de Paul comenzó a aumentar rápidamente llegando a los 40°C. El corazón de Paul comenzó a acelerarse de manera inusual, como si quisiera salírsele del pecho. Taquicardia e hipertermia, ambas efecto de sobredosis de éxtasis.

Abrió una lata de gaseosa creyendo tontamente que eso lo iba a ayudar en algo, pero con los ataques de taquicardia e hipertermia que sufría terminó derramando la gaseosa en su cama. Tuvo otra idea, y era de meterse a la ducha, pues eso le ayudaba cuando se ponía muy ebrio. Viviendo Paul los minutos más largos de su vida, entró al baño, se mareó, se puso pálido, intentando entrar en la ducha se desmayó, cayendo de frente en la tina, abriéndose la cabeza.

La música en la habitación de Paul sonaba tan fuerte que Lidia no escuchó ni el grito de Paul, ni el golpe contra la tina. Helvetic escuchó, pues los perros tienen el oído más sensible. Corrió al cuarto de Paul, pero como la mayoría de veces la puerta estaba cerrada y no pudo entrar.

Paul estaba tirado en el piso boca abajo, luego de efectos de sobredosis de éxtasis, con la frente abierta desangrándose y nadie que pudiera notarlo.

Después que Lidia encontró a Paul llamó rápido una ambulancia, la que llego en menos de 10 minutos, auxiliaron a Paul pero era demasiado tarde. El ya no estaba con vida.

Lidia dio aviso a su esposo Roberto, el se encargó de los gastos y tramites necesarios para darle un entierro digno a Paul….

En el entierro de Paul Lidia recibe una visita poco esperada pero muy anhelada.

Hace siete años Lidia conoció a una chica. Su nombre es Daniela. Estudiaron juntas un par de años, luego ella se cambió de escuela pero siguieron un lazo de amistad muy grande y fuerte. El día que la madre de Paul y Lidia se quitó la vida, Daniela se fue a vivir con Paul y Lidia unas cuantas semanas, fue de gran apoyo para ellos después de tal desgracia. Pero, por alguna razón Lidia y Daniela se fueron alejando poco a poco, luego que Lidia se casó con Roberto y se mudaron de esa fría y oscura casa, donde había ocurrido el incidente de su madre.

Lidia Pensó que había perdido su amistad completamente, porque no volvió a saber de ella. No, hasta que pasó la desgracia con Paul. Ella estuvo para Lidia todo el tiempo en la funeraria y en el entierro, al contrario de su esposo Roberto, quien solo se hizo cargo de los gastos y luego viajó a Colombia por negocios.

Daniela se ha disculpado con Lidia por haber desaparecido así, le ha dicho que necesitaba tiempo para estar sola. Lo único que la reconforta un poco es que al igual que la vez que su madre falleció, ha ofrecido venir a su casa un par de días para hacerle compañía.

“En serio, que esa mujer es algo grande que me sucede en momentos tan oscuros en mi vida”. Dijo Lidia muy contenta.”

(Una semana después de la muerte de Paul)

Sentadas en la cocina, un miércoles por la mañana, con waffles y mermelada de fresa sobre la mesa, Lidia y Daniela tienen una conversación.

-Lidia: “Daniela gracias por estar aquí conmigo haciéndome compañía en momentos tan difíciles. Aunque no soy creyente ni nada de eso, le doy gracias a Dios por que apareciste en este momento.”-

-Daniela: “No hay problema, siempre estaré para ti. Como en los viejos tiempos. No le des gracias a Dios, dáselas a Roberto que fue el quien me localizó.”-

-Lidia: “Bueno, no importa. Lo importante es que estás aquí, ya estaba como la gran puta de sentirme tan sola, Roberto solo me utiliza como su esposa “bonita” cuando tiene reuniones, o si tiene ganas de tener sexo me llama inmediatamente. Y, pues tu sabes que yo estoy con el por el dinero, pero es una mierda sabes, a veces me siento tan sola. El único que me hace compañía es Helvetic, aunque era más apegado con Paul.”-

-Daniela: (se ríe) “Tu siempre diciendo tantas groserías. Ahora no estarás sola, porque me tienes a mí. Al menos un par de días. Oye por cierto deberías comer un poco, están muy ricos los waffles, llevas casi 2 días sin probar un solo bocado.”-

-Lidia: “No tengo hambre amiga.”-

-Daniela: “Deberías de comer uno como mínimo.”-

-Lidia: “No quiero, es que últimamente he tenido nauseas y mareos, de seguro por lo mismo que no he comido nada, me siento débil pero, no comeré.”-

-Daniela: “Tendré que obligarte.”- (Se ríen ambas)

-Lidia: “No comeré. Hablando de otra cosa. Tú sabes que yo soy una jodida loca que hace la primera idiotez que se le ocurre. Y lo he estado pensando en estos días. Siento que ya no tengo más nada por que vivir. Mi madre se suicidó, Paul se drogaba tanto que murió después de un ataque por culpa de la sobredosis. Helvetic es un perro muy cariñoso, obediente, educado, seguro que cualquier familia querrá adoptarlo. No me queda nada…”- (Interrumpe Daniela)

-Daniela: ¡No entiendo que estás tratando de decir mujer!

-Lidia: “Lo que trato de decir es, que seguiré el ejemplo de mi madre. Me quitaré la vida.”-

-Daniela: ¿Acaso te has vuelto loca?

-Lidia: “¿Y tú crees que nunca lo he estado? Lo he decidido y no hay vuelta atrás, no sé porque te lo dije, tal vez porque eres mi mejor y única amiga de toda la vida. Está decidido que lo haré hoy mismo.”-

-Daniela: “Pero…”- (Interrumpe Lidia)

-Lidia: “No está a discusión.”-

Lidia se levanta de la mesa, camina hacia la puerta y empieza a sentirse mareada.

-Daniela: “¿Lidia te pasa algo?”- Pregunta Daniela asustada de verla sostenerse la cabeza y dejar de caminar. Pasan tres segundos y Lidia se desmaya.
Daniela se levanta de un solo golpe de la mesa para socorrer a su mejor amiga Lidia, le da a respirar un poco de alcohol en un algodón para que Lidia reaccione. Y lo hace. Aunque igual de débil Daniela lleva a Lidia a su habitación, le da un poco de sopa y llama precisamente a la misma ambulancia que llegó cuando sucedió lo de Paul. Llega el servicio médico a la casa, para examinarla. Tras varios minutos de estar Lidia a solas con el doctor y realizar los exámenes debidos este dice:

-Doctor: “Lidia se que has sufrido mucho últimamente, y más con lo de Paul, según me comentó tu amiga Daniela no has querido comer. Deberías de hacerlo o puede ser grave para ambos.”-

-Lidia: “¿Ambos? ¿Usted y yo? ¿Roberto y yo? No entiendo porque dice ambos.”-

-Doctor: “Es que tu eres bobita. (se rie) Lidia pensé que ya lo sabías, pero me da mucha alegría ser quien te de esta noticia. ESTÁS EMBARAZADA.”-

-Lidia: ¡¡¡¿¿QUÉ??!!!…

Inspirado y Escrito por Adolfo Penados.
2012
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Adelanto parte II – pedazo de caquita

02/03/2012

Dos horas después de haber inhalado coca, tomado dos pastillas de dudoso origen y una pastilla de éxtasis. La temperatura de Paul comenzó a aumentar rápidamente llegando a los 40°C. El corazón de Paul comenzó a acelerarse de manera inusual, como si quisiera salírsele del pecho. Taquicardia e hipertermia, ambas efecto de sobredosis de éxtasis.

Abrió una lata de gaseosa creyendo tontamente que eso lo iba a ayudar en algo, pero con los ataques de taquicardia e hipertermia que sufría terminó derramando la gaseosa en su cama. Tuvo otra idea, y era de meterse a la ducha, pues eso le ayudaba cuando se ponía muy ebrio. Viviendo Paul los minutos más largos de su vida, entró al baño, se mareó, se puso pálido, intentando entrar en la ducha se desmayó, cayendo de frente en la tina, abriéndose la cabeza.

PRONTO…..

DLFT 😉

Pedazo de Caquita – Parte I

12/02/2012

Pedazo de Caquita – Parte I
Difícil Comprender lo que pasa en el mundo

-Paul: “Son las 3:00AM. No puedo dormir, no puedo dormir, ¡NO PUEDO DORMIR!. Acabo de tomar 2 pastillas de éxtasis, amo esas pastillas, ¡me hacen sentir tan vivo!

Mi hermana Lidia dice que con cada pastilla que tomo mi cerebro se hace más y más pequeño, como una nuez diminuta. ¡pero no me importa!

No tengo esposa ni hijos por quienes velar, y si me pasa algo ¿¡qué!?. Las únicas personas que tal vez lloren por mi sería Lidia y mi perrito Helvetic, nombre finlandés que significa joder en español, aunque lo escribí mal y en realidad es Helvetin, pero prediero Helvetic, porque le dá un toque de originalidad. -Se ríe al recordar el nombre de su perro-

No entiendo como es que estoy diciendo todo esto, seguramente es el efecto del amor de mi vida ‘extasis te amo tanto’. Estoy tan hiperactivo y caliente en este instante que seguramente podría cogerme a 4 yeguas y satisfacerlas a todas. -Paul vuelve a reír-

Recuerdo las primeras veces que tomé éxtasis fue algo magistral, ahora cada día siento que necesito dosis más fuertes porque el efecto cada vez es menor. Necesito más pastillas, más, más, más, ¡MÁS!…”-

-Narrador: “Luego de buscar por 10 minutos algún tipo de droga para ingerir, Paul encontró un par de pastillas que no supo que tipo de droga era. Inhalo un poco de “polvos mágicos” como el llamaba a la cocaína, y tomó la última pastilla de éxtasis que le quedaba.

Pobre muchacho, con únicamente 18 años, estaba destinado a ser un drogadicto profesional. Hace 4 años atrás que Paul probó su primer droga. Empezó siendo adicto a la mariguana desde que su madre se suicidó, dejándolo a el y a su hermana Lidia a su suerte por el mundo.

Sin entrar en tanto detalle, un par de meses después del suicidio repentino de su madre, Lidia contrae matrimonio con Roberto. Un hombre de negocios de 47 años, con un vehículo para cada día de la semana, la casa más grande del vecindario, cuentas en cada banco, tarjetas de crédito, en fin, tenía mucho dinero como para mantener a 4 familias completas con los respectivos lujos.

Obviamente Paul y Lidia tenían garantizada su vida, vivirían como reyes, lo único que Lidia tenia que hacer era acostarse con Roberto las veces que el quisiera, usar vestidos cortos y provocativos en las reuniones de su esposo y ser sumisa a todo lo que el quería.”-

-Lidia: “¡Paul! ¡Paul! ¡¡Despierta hijo de puta!! -gritaba afuera de la habitación de Paul- ¡prometiste llevarme a hacer las compras de la semana, ahora que ya tienes licencia de conducir serás mi chofer, que acabo de hacerme el manicure y no quiero que se me arruine manejando!. ¡Paul por un carajo, que abras esa mierda!. ¡No hay licor!, ¡Recuerda que Roberto traerá socios hoy a la casa para negociar!”-

-Narrador: “Después de tanto grito, Lidia tumba la puerta, entra en la habitación de Paul donde: la computadora encendida reproduciendo música psyco con volumen considerablemente alto, calcetines y boxers en el suelo, una gaseosa derramada en la cama, las gavetas del armario abiertas y revueltas. Lidia abre la puerta del baño de Paul, justo lo encuentra en el piso del baño acostado boca abajo, con una mancha un poco escandalosa en la tina de sangre.

Lidia lo mueve bruscamente con el pie para darle la vuelta, notó que tenía en la frente una abertura que le sangraba, al ver todo esto dio un fuerte grito que se escuchó por toda la casa. ¡¡PUTA SE MURIO TAMBIEN!!. -A ella se le daba muy bien todo lo que tuviera que ver con gritar-

Yo estaba en la cocina comiendo, cuando escuché el grito, salí corriendo directo al cuarto de Paul para encontrarlo tendido con sangre, seguramente si hubiese estado con el cuando pasó todo, habría sido de alguna ayuda. Pero lo único que quería era comer y jugar un poco. Pequeño error. Empecé a llorar al verle, no podía creerlo. Lidia me tomó en sus brazos llorando y dijo: -Helvetic, ¿qué haremos sin Paul fastidiándonos la vida día a día?

Lidia empezó a sudar frío, a temblar. En ese preciso momento, viendo a Paul tendido en el piso recordó cuando ella regresaba con su hermano a casa de la escuela. Su madre estaba recostada en el sofá mas grande de la sala, veladoras con la cera derramada, las cortinas de las ventanas cerradas, el televisor encendido en el canal de las noticias, un vaso cerca del sofá con una especie de veneno y una carta sobre la mesa central que decía:
Paul pórtate bien, Lidia cuida a tu hermano y a Helvetic, esto no es culpa de ustedes, sé que estarán bien sin mí, algún día lo entenderán, los amo, con amor mami.“.-

helvetic

helvetic el mejor de todos... por Paul

Inspirado y Escrito por Adolfo Penados.
2012
y acá el link de la Parte II