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Imagino, imagino

20/02/2013

Todo es acerca de la imaginación, y lo poderosa que puede ser. Ya sea para bien o para mal.

Mi imaginación me lleva a un día soleado, acostado en la grama verde, bajo la sombra de unos robustos arboles, sintiendo el viento balancearse suavemente llevando unas cuantas hojas haciéndole compañía. De fondo se escucha una música muy alegre. Las hormigas bailando al compás de esta canción.

Me levanto, y camino entre los arboles, entre la maleza, imagino, imagino. Justo frente a mi hay una varilla, con una hélice como de helicóptero en la punta de arriba. Y en la de abajo, un pequeño espacio para colocar los pies. La música alegre sigue sonando.

Me subo en esta extraña varilla. En ese mismo instante la hélice se activa, y comienza a elevarse. Mientras más sonrío, más se eleva.

Veo desde el cielo, los arboles moviéndose con el viento, al ritmo de aquella canción. Imagino, imagino.

Vuelo sobre el mar, donde hay unas olas gigantescas, casi me alcanzan, sonrío un poco más para elevarme. Imagino, imagino. El agua comienza a cambiar de colores, como si fuera una extraña mezcla de pintura, de mil y un colores. Lo más hermoso que puedan imaginar, y con una percepción del color increíble.

Sin duda la imaginación, es de las cosas más poderosas que tenemos. La mente.

Imagino, imagino.

Sonrío.

Adolfo Penados – 2013

Inspirado en un sueño que tuve, y en white sky-vampire weekend.

Extiende tus alas

26/06/2012

Una niña muy triste, se acerca a la ventana y observa como el viento hace bailar a los arboles con un suave silbido, como el sol juega a las escondidas con las nubes, como las abejas vuelan en grupo danzando por los aires de flor en flor.

La chica puede darse cuenta que ella está muy triste en esa habitación, mientras del otro lado de su ventana hay una mujer dando de comer a su bebé de apenas meses de edad, hay un perro enterrando su más preciado tesoro en el mundo, un hueso.

Ella a través de la ventana, puede ver que en el exterior todos ellos están muy felices, mientras su tarde se pinta de un color blanco, gris y negro. Deja brotar unas pequeñas lágrima.

Del otro lado de la ventana, hay un niño sucio, descalzo, con lodo en la ropa, manos, pies y cara. El ve derramar lágrimas a la niña. Se sacude un poco las manos en su camisita, toma una flor del jardín, y sale corriendo con todas sus fuerzas hacia esa ventana.

La niña se sorprende al verlo acercarse. El toca la ventana, mira  la niña, sonríe y deja la flor justo frente a esta ventana. Se aleja viendo hacia atrás para ver a la niña. Esta seca su lágrima, abre la ventana, toma la flor y sale de esa fea y gris habitación.

El niño la llama para que jueguen juntos en el lodo. Ella ensucia sus ropas, manos, pies y cara. No había sentido tanta felicidad antes.

Esta niña descubrió que su tristeza era muy pequeña a comparación de la felicidad que podía llegar a sentir con tan poco esfuerzo. Agradeció con todo su corazón a este niño. El solo sonrió, extendió sus alas, la tomó de las manos y la llevó con el a bailar al son del silbido del viento.

 

 

Adolfo Penados – 2012